DE COLECCIONISTA A COLECCIONISTA (1)
En el coleccionismo hay que tener mucho cuidado con lo que nos ofrecen, ya que existe mucha avivada (bueee… en todos los órdenes de la vida diríamos).
Muchas veces por falta de investigación previa corremos el riesgo de caer ante el engaño de un vendedor y porque no: del mismo coleccionista conocedor, que arma una falsa historia con tal de sacarse de encima (ojo, sin regalar) un objeto de “colección”.
Antes de comprar debemos asegurarnos que el producto en cuestión sea oficial o no, y la importancia de estas dos variantes en nuestra búsqueda personal. No sé si me explico.
Un pequeño ejemplo: Dante Quinterno no exploto de la misma forma que lo hizo García Ferre en objetos de coleccionables, como muñecos. Por eso lo “oficial” es contado con los dedos de la mano. En cambio lo “no oficial” sobreabunda. Imaginen que en 80 años se habrán utilizado los personajes para miles de objetos artesanales. Sin permiso de la editorial.
Yo generalmente me tiro a lo oficial, ya que eso es lo que tiene mayor valor coleccionable. Pero no dejo escapar algún objeto antiguo “no oficial” que me llame la atención. Mucho más sabiendo de la escases de lo oficial. Pero ni en pedo pago las sumas elevadas que ofrecen por cualquier porquería en el mercado. Incluso los mismos vendedores que le ponen muchos ceros a las “rarezas” desconocen el origen del mismo. Siendo un “Patoruzú” (ejemplo) tiene que ser costoso y punto. El que lo quiere que lo page.
Desde hace tiempo que en el mercado se ofrecen carameleras de vidrio “supuestamente” del indio Patoruzú. Pero se ha comprobado que esta nada tiene que ver con él (gracias Juan).
La figura de un indio en una caramelera le fue atribuida al cacique Patoruzú por algunos vendedores. Algunos inconscientes de este mito, otros aprovechándose de este y tratar de realizar una venta gorda.
De cualquier forma son escasas las probalidades de que estos “caros” objetos se vendan fácilmente. Pero vale la pena alertar y evitar que alguno caiga ante estas falacias.













